Vamos creciendo, cambiando de forma, nos abordan algunas debilidades que deben ser corregidas, no siempre escogemos la mejor solución, pero a pesar de todo seguimos adelante, intentando mantenernos erguidos, correctos de modo que no honremos a las paredes, ni a las puertas ni a las ventanas, sino al espacio vació que esta allí dentro, el espacio en el que adoramos y veneramos aquello que no es querido e importante. Si, somos una catedral, sin mingona duda.
El Zahir
martes, 30 de junio de 2015
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